No influimos por “sectas políticas”, salvemos España, acabemos con el coronavirus

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Sectas, por Raad Salam

Desde el patriotismo y el amor que guardo tanto a mi patria España como a todos los españoles, con este texto intento prevenir sobre las sectas a las próximas generaciones de políticos y activistas.

El hombre ha sido incapaz de ponerle freno a la maldad. Las instituciones políticas, religiosas y económicas no han conseguido que la humanidad goce de paz, prosperidad y salud. Y lejos de resolver los complejos problemas que nos aquejan, los han agravado. Los miles de años de dominio humano han demostrado más allá de toda duda lo ciertas que son las palabras de (Jeremías 10:23) “Al hombre terrestre no le pertenece su camino. No pertenece al hombre que está andando siquiera dirigir su paso”. Así es, desde siempre, el hombre ha dominado al hombre para perjuicio suyo.

Al buscar en diversas fuentes qué es o qué debemos entender por “secta”, vamos a encontrar múltiples definiciones, las más de ellas enfocándose al aspecto religioso, pero también encontraremos fuentes que usan la denominación “secta” para definir a un grupo con ideas que tienen que ver más con la política que con las religiones. Una definición más o menos amplia nos indica que una secta es un grupo de personas que comparten una ideología o una creencia y cuyos integrantes exhiben una extrema devoción a una persona y emplea técnicas de persuasión y control coercitivas, intensa presión grupal, manejo de la información, suspensión de la individualidad o juicio crítico y fomento de la total dependencia del grupo. Básicamente una secta tiene una estructura autoritaria, donde el líder tiene la decisión única y final sobre todos los asuntos, y por lo general suele poseer un sistema ético doble (uno para él y otro para los miembros) en otras palabras, usan un doble rasero. Es un hecho que prácticamente cualquier persona puede ser captada por las sectas, religiosas o políticas, si es abordada en el momento oportuno. Y este “momento oportuno” es el resultado de una diversidad de elementos. Entre estos factores encontramos sensaciones de inutilidad, frustración permanente, baja tolerancia a las presiones de la sociedad, desilusión respecto de la propia cultura, insatisfacción a nivel educativo, profesional, laboral, emocional, una gran dosis de idealismo ingenuo y mucha, mucha ignorancia. El ser humano, pobre o rico, da igual, necesita creer, necesita compartir algo trascendental y obtener atención; y eso de creer no se trata solamente de creer en un Dios, puede perfectamente tratarse de creer en un líder político mesiánico o un salvador. El líder lo sabe todo y lo prevé todo. Nadie puede dudar de sus afirmaciones sería una herejía y eso es castigado severamente.

Sus seguidores comparten una fe fanática, muestran una gran intolerancia y no soportan que los contradigan. Si alguien tiene la osadía de contradecir o cuestionar al líder de manera personal este primero se incomoda, pero rápidamente se excita y se enfurece. No soporta que alguien lo desafíe y menos que ponga en evidencia sus incongruencias. Todas las sectas, especialmente las destructivas, tienen un líder, que es un personaje mesiánico, carismático, con un gran encanto personal y gran poder de atracción; lo que los psicólogos llaman paranoico expansivo, que se convierte en dueño de cuerpo y alma del adepto. Otra característica que poseen los líderes sectarios es que padecen de un narcisismo maligno; se caracterizan por un sentimiento extremo de ampulosidad, crueldad sádica, sospechas paranoicas y una carencia total de empatía y sentido de culpabilidad. Su arrogancia viene de su firme creencia de que están destinados a algo grande en esta vida, lo que los hace especiales, únicos. Cualquier ocurrencia que tengan, por discutible o disparatada que sea, es justificada. Si se miente es por un bien superior. Dado que estos líderes carecen de todo sentido moral o conciencia, mienten, roban, desvían recursos, engañan y explotan a los demás sin remordimiento alguno. Sencillamente no sienten nada, carecen totalmente de empatía.

 

La tentación

El sectarismo político es a veces una gran tentación. Puede basarse en cosas ciertas: por ejemplo en cómo está el mundo, en la degradación de las masas, en la falta de voluntad del conjunto entre otros motivos válidos que todos sufrimos y conocemos. Compartiendo esos motivos llegamos a constituir en ocasiones un grupo muy especial. Nos amurallamos en un círculo estrecho y a poco andar nuestra actitud nos parece la única correcta. Terminamos entonces ordenando nuestro pequeño grupo al modo de una secta, estableciendo unas jerarquías la mayoría de las veces inútiles y ridículas, sobre todo tratándose de tan poca gente y tan especial. Gente por lo demás bastante reacia a admitir jefaturas, porque cada uno se cree con una capacidad innata de liderazgo. A su vez el jefe sectario suele ser patético, creyéndose el elegido de los dioses y dando voces a diestra y siniestra, las que a menudo nadie oye y menos aún obedece.

Las sectas suelen creer que los que están dentro de sus límites son los únicos que sufren el mundo y comprenden lo que pasa. Y esto de ningún modo es así. Aunque insulten al que crean equivocado, que suele ser todo aquel que está fuera de la secta, no por eso las cosas cambiarán. El absoluto fracaso político siempre se debe a un hecho exterior para los sectarios, y cualquier éxito de quienes pueden competir con los espacios que las sectas han marcado como propios, siempre es sospechoso de todo lo peor y pasible del insulto. Y el insulto es algo más triste aún, cuando proviene de gente en absoluta soledad. Aunque en política los resultados nunca son absolutos, cabe preguntarse si es normal no tener jamás un resultado positivo sin plantearse una autocrítica.

Otra de las características sectarias es buscar siempre un resultado directo. Vale decir hacer la revolución en una noche de gloria o en una marcha triunfal. Algo que muy pocas veces se da. En política se conduce en el desorden, porque así es la vida. Un desorden relativo en el que se avanza y se retrocede, en un constante movimiento de aproximación indirecta en torno al objetivo.

Se dice que una de las causas del éxito creciente de las sectas y de agrupaciones análogas en el curso de las últimas décadas reside en el hecho de que tanto nuestra sociedad como la política europea están centradas en torno a los intereses económicos, abandonado a su suerte los problemas sociales. De esto se desprende que los gobiernos deberían tener más en cuenta los problemas sociales y gestionar soluciones efectivas.

Todo esto lo he visto y lo he vivido en mi propia carne y en gente a la que en el fondo estimo. Quizá por eso me cause tanta tristeza. El sectarismo me produce cierta tensión desagradable como si siempre me estuvieran vigilando. Y lo peor es que consume una energía que podría utilizarse en algo mejor.

 

Sectas Políticas

Digo todo eso y con todo el dolor de mi corazón, porque, en mi opinión, España hoy día está viviendo o está dividida en varias sectas políticas no son partidos políticos. Es muy bueno, es muy sano que haya ideas o ideologías políticas diferentes en un país, lo que no es aceptable, es que cada uno se encierra en su idea política y rechaza totalmente las otras ideologías, eso se llama sectarismo político.

Claro que si, faltaría más, cada uno de nosotros es libre de pertenecer la ideología o el partido político que se ajusta a sus ideas, pero, no significa que todo lo que hace el partido y lo que dice el líder del partido, que pertenecemos, es correcto. Nadie es perfecto, ni los partidos políticos ni sus líderes. Todos nos equivocamos en algún momento. En los últimos años, en España, los partidos políticos acusan unos a otros de todo, sin embargo, ninguno de ellos es capaz de hace una autocritica, ni sus líderes aceptan una crítica tanto interna como externa. Los partidos y sus líderes, deben de ser humildes y aceptan las criticas, porque, no todas las criticas son negativas o destructivas, muchas de ellas son positivas y constructivas.

 

Futuro distópico

Nuestras vidas han ido corriendo hasta ahora conforme a una pauta. El Estado del bienestar va consiguiendo que hasta los accidentes, las conmociones por grandes males y grandes bienes, se vayan normalizando. La invasión del coronavirus ha roto el ritmo, el suave compás del calendario. Es lo que nadie podía imaginar que pudiera llegar a pasar. Estamos aún haciéndonos a la idea de algo por completo imprevisto que ha trastocado seriamente nuestro vivir cotidiano. Estamos entrando, frotándonos los ojos de incredulidad, en el escenario de una película de futurista inverosímil. Nos rodea lo inconcebible y nos afecta como un terremoto sin que podamos evitarlo. Muchas cosas van cambiando y muchas más van a cambiar en nuestra vida corriente.

No tengo ni idea de cómo terminará todo esto, ni qué vendrá después. Sin embargo, estoy convencido que en algún momento terminará. España es una gran nación, conozco su historia y la admiro profundamente. España, a su larga historia ha pasado muchos baches, siempre salió unido y fuerte. La coronavirus es otro bache más, y para salir de este hoyo, hace falta unión de todos los partidos políticos y los patriotas españoles. La unión hace fuerza, dejemos nuestras diferencias a la espalda, dejemos de regañar, habrá tiempo para ello. Este temblor del virus está poniendo al desnudo la capacidad de los partidos políticos y valorar lo que están haciendo nuestros políticos.

Es la guerra, tenemos el enemigo (coronavirus) delante y la patria (España) a la espalda, salvemos España y acabemos con el (coronavirus).

 

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