Si se callase el ruido, ¿despertaríamos?

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Si se callase el ruido, ¿despertaríamos?

Pretendo ponerles de mala leche, pero busco el único objetivo de hacerles reflexionar profundamente y que todos hagamos autocrítica.

Mientras en España nos han obligado a discutir sobre si tiene razón Ayuso o Illa, se han llevado por delante la educación concertada, la educación especial, la libertad de elección de centro educativo, permiten que te den el título de bachillerato aunque seas más ceporro que Adriana Lastra, pretenden modificar la ley para controlar solo ellos el CGPJ y que no sea necesario un acuerdo con la oposición, están indultando a los golpistas catalanes, destrozan al Jefe de Estado, esconden bajo la alfombra la imputación del secretario de organización de Podemos y las acusaciones de una ex senadora, quieren eliminar los beneficios fiscales de las pensiones privadas, de los colegios privados y de la sanidad pública. Y meternos un 21% de IVA.

Vamos a comparar un instante con Italia, no hemos de olvidar que nos llevaban 12 días de adelanto en el impacto inicial del COVID-19 en febrero y marzo. Debido al desastre económica causado por el virus chino, acaban de aprobar la eliminación del 30% de sus diputados. Eso supone un ahorro de 40 millones de euros. Sé que nuestra ministra de Hacienda pensará que es una miseria, pero la realidad es que, bien gestionados, los fondos públicos darían para mucho.

Nos entretienen en una guerra ficticia entre la versión PP o PSOE, pero entretanto, nuestra deuda crece hasta límites bestiales. Tenía Almeida toda la razón, con las contramedidas impuestas por Sánchez a Madrid realmente hay más movilidad. Ejemplo: ahora un vecino de Usera o Vallecas puede ir a tomarse una caña a la calle Ponzano, y antes no.

Hagamos juntos un cálculo. Según datos oficiales, llevamos 32.000 fallecidos y 800.000 positivos acumulados. Y hasta junio los datos eran 28.000 compatriotas perdidos y 20.000 casos detectados. Por lo tanto, la resta es simple; en los últimos meses se han detectado 600.000 casos que han supuesto 4.000 fallecidos.

Dejemos para otro día el hecho de que la ficha real de muertos supera los 53.000, vamos a razonar con los datos de “la banda”. Ahora que se hacen un mínimo de pruebas, tampoco masivas como en otros países, 600.000 positivos detectados nos originan 4.000 fallecidos. Por lo tanto, si en la mal llamada primera ola (más bien fue una meseta) sufrimos 28.000 fallecidos oficiales, implica que, de haber hecho test suficientes, tendríamos 4.800.000 positivos.

Es decir, de los 5 millones de positivos cotorreando por España entre marzo y junio, sólo detectaron 200.000.

¿Y ahora nos vamos a preocupar de si las medidas de Ayuso o de Illa son las buenas? Señores, se lo pido de corazón: ¡Despierten! Vivimos en una oligarquía de partidos y los ciudadanos somos los tontos que les pagamos “las Fantas”. Debería reducirse al 50% el número de cargos públicos, asesores y demás enchufados inútiles.

Solo unidos saldremos de esta tela de araña. Todo ese dineral prescindible de tirar a la basura en la industria política lo podríamos dedicar a ir pagando deuda, mejorar la sanidad, proteger a los autónomos, empresarios y necesitados de ayudas, sin olvidarnos del trato de cuidado especial que requieren y merecen nuestros mayores.

Pónganse de mala leche, pero reflexionen para que paremos juntos este desastre.

César Blanco González

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