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30/11/2018 - Raúl Pérez Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Siria y los Cascos Blancos
Ha llegado la hora de denunciar la realidad de lo que está ocurriendo con los llamados Cascos Blancos. A medida que en cada vez más regiones de Siria se restablezca la vida normal, las personas dejan de preocuparse por la seguridad de sus familiares y empiezan a contar de lo que han sobrevivido en realidad.

Aparecen detalles escandalosos en relación con la actividad de los Cascos Blancos a los que muchos en Occidente presentan como héroes salvadores, aunque, de hecho, es una organización seudohumanitaria. Es horroroso imaginar lo soportado por la gente en esta área.

Es evidente no sólo a nosotros que los Cascos Blancos se desacreditaron por completo como una fuente de "información fidedigna" presentada de ese modo en Occidente junto con el café en Londres convertido en el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos. Agrada que en la élite política y en los círculos sociales de los países patrocinadores de estas organizaciones no gubernamentales cada vez más personas empiecen a dudar de lo oportuno de seguir financiándoles.

Sin lugar a dudas, los activistas de los Cascos Blancos continuarán llevando a cabo su actividad criminal hasta que lo necesiten sus creadores y los que les financian. La situación en torno a la zona de distensión de Idlib donde sigue siendo probable una nueva escenificación de un ataque químico por las Fuerzas Armadas de Siria lo pone de relieve. Los periodistas independientes, médicos, blogueros, por ejemplo, Vanessa Beeley, Richard Labeviere, miembros de la organización Médicos Suecos por los Derechos Humanos (SWEDHR) no sólo desenmascararon en reiteradas ocasiones a los Cascos Blancos sino también publicaron la escandalosa información fundamentada que probó que se había afectado premeditadamente la salud de civiles en Siria para filmar videos de propaganda.

Los habitantes locales señalan, por ejemplo, que para contratarse a los Cascos Blancos en Alepo donde se restablece la vida normal no sólo fue necesario ser competente en atención urgente y emergente sino tener recomendaciones de los dirigentes de la filial local del Frente al Nusra. La información sobre un altruismo envidiable de esta organización humanitaria resultó exagerada también. La mayoría de los que trabajaron en esta organización no fueron voluntarios sino recibían un salario mensual. Al ingresar en la organización, no se apresuraron a obtener conocimientos médicos, esto no formaba parte de los servicios pagados. Mientras, el adiestramiento en técnicas de tiro, minado y desminado era obligatorio.

Sería curioso saber que sienten los que glorificaron esta organización y propusieron otorgarle premios internacionales poniéndola en una fila con los famosos defensores de derechos humanos – personas que dieron sus vidas luchando por la paz. Recuerdo que esta organización se presentó a nivel internacional como ejemplo de lo humano y lo humanitario. ¿Qué sienten sus ideólogos al oír lo que cuentan los habitantes de los barrios liberados de que en el lugar de incidentes los empleados de los Cascos Blancos prohibían a los médicos reales amenazándoles con armas que presten asistencia a los afectados hasta que se finalizase la filmación de los vídeos de propaganda. Hemos contado en reiteradas ocasiones también sobre la actividad de los Cascos Blancos en el ámbito de trasplante ilícito de órganos humanos que se llevaron a cabo bajo su patrocinio durante varios años.

Estamos convencidos de que esta actividad de esta organización debe investigarse.

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