Trabajar más, cobrar menos

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El  hasta ahora presidente del empresariado español, el mismo que dijo de Esperanza Aguirre “es cojonuda”, ha dejado su receta para salir de la crisis: bajar el sueldo a los trabajadores. No habla en su propuesta de los directivos de las grandes empresas, con salarios millonarios (en euros) que están en el origen de situación actual. Habla de los curritos, de los trabajadores ‘de a pie’. Viendo su comportamiento con Air-Comet y Viajes Marsans, en las que cientos de empleados están esperando aún el cobro de sus nóminas, hay que pensar que su idea de lo que es una empresa va por ahí: “vosotros trabajáis, yo me llevo el dinero, que para eso soy el jefe”.

Sin embargo, los ataques más duros desde los medios de comunicación los han recibido los sindicatos, no los empresarios, y mucho menos este señor. Resulta significativa la crítica que desde ciertos sectores se realiza continuamente contra los sindicatos, acrecentada en los últimos meses, y que está llevando a su descrédito. La desafección de los trabajadores respecto a las organizaciones sindicales es clara, gracias a esta estrategia de acoso recrudecida en estos tiempos de crisis, como si los sindicatos tuvieran la llave para solucionar el paro. En este momento, la afiliación sindical supone poco más del 10% de los trabajadores en activo, muy por debajo de los países de nuestro entorno. Por el contrario, más del 70% de los empresarios pertenecen a algún tipo de organización empresarial.  ¿Es que es más conveniente para los empresarios estar asociados que para los trabajadores? Pues analicemos los resultados. Esta mala evolución del poder de representación de los sindicatos en los comités de empresa coincide con la peor evolución de los salarios y las condiciones laborales. Al tiempo que los sindicatos tienen menos fuerza, las organizaciones empresariales tienen cada vez mayor fuerza, y a la vez las condiciones de trabajo empeoran.

Un informe sobre las relaciones industriales en Europa en 2008 elaborado por la Comisión Europea, organismo nada sospechoso de sindicalista, concluye que un aumento del 10% de la afiliación sindical se traduce en una disminución del 2% en la desigualdad de salarios, y que una cobertura de la negociación colectiva que afecte a un 10% más de empresas supone una disminución del 0,5% de la pobreza laboral (personas que trabajan por salarios míseros). Es como para replantearse las opiniones de muchos respecto a los sindicatos y la utilidad de los representantes sindicales.

No cabe duda que, cuanto mayor poder de negociación tengan los sindicatos en cada empresa, y en el conjunto del Estado, mayores mejoras en las condiciones laborales se producirán. Todos sabemos que en las empresas con representación sindical fuerte tienen mejores condiciones laborales y mejores sueldos. Y este hecho es proporcional: a mayor fuerza sindical, mejores condiciones de trabajo.¿Qué sentido tendría si no que desde las organizaciones empresariales o los medios de comunicación de derechas se atacase tan duramente y tan de continuo a los sindicatos y se traten de desacreditar incesantemente desde el principio de su existencia hasta hoy mismo?

Si la capacidad de negociación de los sindicatos sigue cayendo, las fórmulas como las expuestas por Díaz Ferrán tendrán cada vez más poder para implantarse. Y ojo, que no sólo existen UGT y CCOO. Sindicatos hay muchos, algunos incluso particulares de una sola empresa.
 

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