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16/09/2018 - Víctor Vázquez Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Una de lazos
Quién les iba a decir a nuestros abuelos que el gran problema político del siglo XXI en España, o Espuñeta, se iba a dirimir en lazos para esconder la lerdez que hay en las trastiendas con un Rufián creyéndose Quevedo, con un presidente miope que no ve la pedrada hasta que le da en el justo medio, con un PP que cree que regenerarse es elegir a uno de la quinta de Ciudadanos, con un Torra de hemeroteca hilarante hasta que te das cuenta de que va en serio, con algunos discursos en Podemos que pareciendo modernos son versión 2.0 de, por ejemplo, las arengas anticapitalistas del ministro Arrese allá por lo más profundo de la dictadura.

Poniéndonos en clave evolutiva, resulta de coña leer las apreciaciones y valoraciones sobre la casi raza catalana del president (más pura en el mundo rural que en las ciudades, por menos mezclada, como la de los Borbones le falta decir) y después ver la foto en la que aparece con Felipe VI y Pedro Sánchez.

Sólo leyendo y observando, en cualquier casa de apuestas extranjera, tendría más opciones de ser Torra gallego como yo, por decir algo, que catalán. Consecuencia: Darwin es un fascista español por no hacerle alto y guapo; y menos mal que tienen a la iglesia catalana afín a la causa, algo por otro lado típicamente español: nacionalismo vasco, jerarquía de mano en alto con Franco. Creyéndose modernos, los independentistas catalanas son unos burgueses beatones que si fotografías en blanco y negro no dejan de ser una panda de neocarlistas dignos de Valle-Inclán que utilizan a las nuevas generaciones de información rápida y titular explosivo para masificar el cotarro y grupos de izquierda anti-capitalistas, paradójico, que por sí solos nada pueden cambiar como polvorilla en la calle.

La libertad de expresión es por donde siempre empieza a moverse cualquier sistema dictatorial antes de eclosionar (y aquí no hablo sólo de Cataluña). Lo políticamente correcto está dinamitando dicha libertad, por tratarla como un niño inútil de tan sobreprotegido, con raperos ridículamente perseguidos. Racionalicemos el lazo: es libertad de expresión poner lazos en las calles pues la calle es lugar de encuentro y expresión. No lo es en edificios públicos pues en Democracia lo público debe defender/respetar a todos y no ser parcial esté quien esté en el poder.

Es libertad de expresión retirar los lazos (aunque tiene un menor valor pues más que opinar tiene un componente de callar otra opinión). Brillante, sin entrar en valoraciones ideológicas, son las franjas rojas que como un gamberrete lúcido pintó Arcadi Espada sobre las cintas amarillas. Y triste, con la que está cayendo, que andemos jugando a los lazos de quita y pon como los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él.









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