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15/09/2009 - Víctor Vázquez Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Démosle al presidente toda la razón en que la protección social es necesaria más que nunca en épocas de crisis -como los médicos cuando estás enfermo, y no empeñándose en hacerte revisiones cuando subes montes a pulmón fresco-. Démosle al presidente toda la razón, también, cuando deja caer entre líneas que el grueso de los grandes empresarios/directivos tiene el matiz de impresentable con bonificación y stock options hasta el punto de que no está nada mal dar un golpe en la mesa de la Patronal de vez en cuando. Démosle la razón cuando la tiene aunque, ay, se equivoque en las medidas: siempre reactivas, nunca preventivas, que diría un Van Gaal metido a trilero político.

Todo es un parcheado, un cortoplazismo que en definitiva nada arregla y sólo sirve para ir colocando las piezas del dominó en una nueva crisis: la de la Deuda pública, ese agujero negro que nos devorará y que camuflan con cientos de eufemismos para restarle importancia, como si la palabra “deuda” hubiera perdido su verdadero significado para transformarse en polvorillas de nada. De nuevo el no saber, o no querer, distinguir entre gasto e inversión bajo la pueril teoría de que todo sale de la misma caja, o que “el dinero público no es de nadie” -Carmen Calvo, pixie & dixie-. Nos van a meter en un lío. Otro. Y en dos telediarios, todos Ninja (No income, no jobs, no assets…).

Resulta cachonda la foto del cierre leonés con la Internacional cantada a voz en cuello y puño apretado por Alfonso Guerra mientras Zetapé la entona como un monaguillo tímido con las manos a la espalda. Leyre Pajín, pañuelo a lo boy scout, y Bibiana Aído, de sanferminera flamenca, lo levantan como quien da la mano blanda al presentarse. Eso no es un puño, coño, parece pensar alguno que mira de reojo; como miran a ojo virado también los del politizado Constitucional cada vez que deja escapar Rubalcaba aquello de que el Estatut es armónico con la Ley de leyes, o Caamaño se pone a explicar de principio que somos un ‘estado federal’ (sic) cuando somos todo lo contrario: el federalismo (centrípeto) supone la cesión de las partes hacia un centro que garantice unos mínimos para todos y el sistema de autonomías (centrífugo) supone cesión de la unidad a las partes.

Obviemos que deberían estar calladitos y dejarse de presiones sibilinas por aquello de la división de poderes y además parecerlo, pues ya semejan nacionalistas de lo suyo, del querer mantener el ranchito del partido en el poder. Y es que del Estaut dependen otras cosas: el perder apoyos parlamentarios, mayorías; y no nos olvidemos que en el mismo saco van algunas que otras coherencias abandonadas, verdades escondidas e idealismos perdidos que se han metido con la practicidad como excusa. La practicidad de ellos y para ellos, claro está. Qué vergüenza de política, qué vergüenza de políticos comiendo el futuro de las nuevas generaciones hasta regalarles como sueño la pura supervivencia y quejándose después de que se comporten como descerebrados violentos, por pura rabia y vacío que ni saben expresar. Con lo cómodo que sería que sólo fueran descerebrados sentados en un sillón delante de la televisión.

CODA: “Te recomendamos que consultes tu decisión con un adulto/a”. De los flecos publicitarios que cuelgan de la nueva Ley del aborto que deberían aplicar muchos  de los políticos antes de hablar.
 

 

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