El capitán de los tercios Don Fernando de Quesada y Ulloa

Don Fernando de Quesada era miembro de una famosa estirpe de militares, que dio decenas de soldados a los Tercios, los cuales se distinguieron por su arrojo. En aquella gloriosa época de nuestra patria, decir «Quesada» y decir «valor» se consideraba lo mismo en el ejército español.

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Don Fernando de Quesada y Ulloa
Don Fernando de Quesada y Ulloa

Fernando de Quesada y Ulloa

(Un capítulo de mis memorias) Por José María Aguilar Ortiz

Uno de mis antepasados jienenses más distinguidos fue el capitán Fernando de Quesada y Ulloa. Era de familia hidalga, y formaba parte de la nobleza concejil de la ciudad de Jaén, donde llegó a ser el caballero veinticuatro más antiguo. Además, fue procurador en las Cortes de 1576.

Hombre de sólida formación humanística, además de su carrera militar, ocupó diversos puestos de gobierno: gobernador del Piombino en Italia, y capitán a guerra y corregidor en Cádiz, Gibraltar, las islas Canarias y Jerez de la Frontera, dejando muy interesantes memorias de su paso por estos destinos.

Escribió asimismo, unas sugestivas «reflexiones políticas» inéditas, en las que con gran preocupación analizó las finanzas del ejército español y de la guerra, demostrando un profundo conocimiento de la hacienda pública del Imperio.

Pero vengamos ahora a una de las gloriosas jornadas de guerra en las que tomó parte como soldado de forma sobresaliente.

Viajaba don Fernando en el galeón San Mateo, el cual formaba parte de la escuadra española, que a las órdenes del famoso marino militar, don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz se dirigía a la conquista de las islas de las Azores o islas Terceras. Estas se habían sublevado contra España, cuando a la muerte sin sucesión del rey de Portugal, don Enrique I el Cardenal, nuestro gran rey Felipe II había sido reconocido como Felipe I de Portugal por las Cortes de Tomar.

El San Mateo, al mando del maestre de campo y teniente general don Lope de Figueroa, tuvo un papel determinante en la jornada decisiva del 26 de julio de 1580, en la que se enfrentaron la armada española y una flota mixta franco-portuguesa, auxiliada por barcos ingleses, a las órdenes del condottiero italiano Felipe de Pedro Strozzi, extraoficialmente al servicio del rey de Francia, Enrique III.

La flor y nata de la marina francesa, 64 buques y 6000 hombres de infantería, se disponía a defender la Isla Tercera, frente a 27 barcos españoles, dos de ellos, los imponentes galeones del rey, San Martín y San Mateo.

A bordo del San Mateo se hallaban los hombres del tercio de don Lope de Figueroa, entre ellos mi antepasado el capitán Fernando de Quesada y Ulloa, capitán de arcabuceros del Tercio Viejo, al frente de las tropas de élite del ejército español.

En el Tercio había recorrido todo el escalafón: soldado, cabo de compañías, alférez y teniente de los caballos, hasta alcanzar el puesto de capitán de infantería. Su larga carrera militar hizo de él un auténtico héroe de guerra y un superviviente, pues sirvió como soldado durante cincuenta y dos años.

Quesada, que había combatido primero durante el levantamiento de Granada y después en Lepanto a las órdenes de don Juan de Austria y junto a don Lope de Figuera, hizo después toda la carrera de Levante, pasando después a Flandes con don Juan y don Lope. A continuación estuvo en la jornada de Portugal, y después en las acciones de las islas Terceras hasta la batalla naval contra Strozzi, de la que ahora nos ocupamos.

El choque se produjo el día 26 de julio después del mediodía, cuando al apartarse el San Mateo hacia barlovento de la flota española para retar al enemigo, los franceses aprovechan para abordarlo con cinco de sus naves. Don Lope acepta el combate, y sin disparar sus cañones, espera a que dos naves enemigas, la capitana y la almiranta, lo aborden por babor y por estribor, mientras recibe por proa y por popa el cañoneo de tres galeones franceses.

Cuando las dos naves se hallan muy cerca, don Lope dispara dos veces toda su artillería, produciendo grandes destrozos en los barcos enemigos. Desde las gavias, tiradores de élite al mando de don Fernando de Quesada, diezman la tropa de las cubiertas francesas. Cuando la capitana francesa se rinde, Quesada se dispone a abordarla con sus aguerridos soldados del tercio, pero don Lope decide mantener su combate con la almiranta y no lo permite. Hallándose trabados el San Mateo y la almiranta enemiga, a punto del abordaje, llega el capitán general Miguel Oquendo, que con su buque rompe los cables tendidos entre los dos barcos y se interpone. Una andanada destroza el arbolado de la nave francesa y mata a 50 hombres. La batalla continua y los soldados dirigidos por Oquendo, al mando de los capitanes Arizabalo y Escorza, abordan la almiranta donde se continúa el combate hasta su rendición, dando muerte a la mayoría de sus soldados.

Posteriormente, el capitán general Miquel Oquendo y sus tropas, y el propio don Álvaro de Bazán, con el auxilio de los capitanes Garagarza y Villaviciosa consumaron la derrota de los franceses.

La capitana y la almiranta quedan en poder de los españoles y en la lucha, los franceses pierden diez buques en total. Las bajas del lado francés fueron tremendas: más de 1.500 muertos y 500 heridos. La armada española perdió su nave capitana, y el San Mateo quedó inservible al recibir más de 500 cañonazos.

Además de los jefes mencionados, don Fernando de Quesada sirvió a las órdenes de otros grandes militares de la época, como don Alfonso Pérez de Guzmán el Bueno, don Gabriel Niño y Zúñiga y con don Agustín de Mejía.

Más tarde estuvo en la campaña de Argel y años después, en 1611 en la batalla de las Quérquenes, la última de las batallas en las que participó.

 

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