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03/10/2019 - Jeús Ángel Rojo Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Mapa de la ruta realizada por Fernando de Magallanes y Elcano de uno de los atlas de Battista Agnese

Desmontando la patraña de Portugal: La primera vuelta al Mundo, una gesta solo española

La patraña portuguesa ha puesto de relieve lo fácil que es manipular la historia de España cuando enfrente sólo tienes políticos de tercera. La primera vuelta al mundo fue realizada exclusivamente por España y el papel de Portugal se reduce en hacer todo lo posible para que tan magna hazaña no se llevara a cabo

El gobierno luso, aprovechando la inoperancia de los políticos españoles, presentó el Proyecto de la Ruta Magallanes en la UNESCO como patrimonio de la humanidad, dejando a España y al Elcano en un papel marginal. Mientras esta indignidad sucedía, el Gobierno español arrastraba la dignidad de nuestra patria y de nuestros héroes por el fango, poniéndose de rodillas ante el infame relato de Portugal y pidiendo acordar una conmemoración conjunta de la primera vuelta al mundo de la historia. 

Contexto histórico

La caída de Constantinopla en 1453 causó una gran conmoción en Occidente y se llegó a pensar que era el principio del fin del cristianismo. Por su parte, el comercio entre Europa y Asia, de donde provenían las especias y artículos de lujo, prácticamente se interrumpió, lo que forzó a las naciones europeas a buscar rutas alternativas. 

El Tratado de Tordesillas, suscrito el 7 de junio de 1494 entre los Reyes Católicos y el rey de Portugal, establecía un reparto de las zonas de conquista y anexión del Nuevo Mundo mediante una línea divisoria del Océano Atlántico. Así Portugal tenía pleno y único derecho sobre las rutas que rodearan África, lo que desplazaba a España de la ruta de las especies. 

Magallanes, uno de los exploradores más conocidos del Imperio luso, tenía la certeza de que podía hallar una nueva ruta por occidente hacia las islas de las especias, las Molucas (en Indonesia). Su plan era parecido al de Cristóbal Colón. El ‘Afortunado’, como apodaban al rey Manuel, sabedor de que los portugueses dominaban la única ruta existente hacia las islas de las especies, se mostró totalmente reacio con Magallanes al igual que hizo su antepasado con Colón. El rey portugués despreció de forma altanera el proyecto y trató a Magallanes con una soberbia desmedida, sabedor de que el explorador no le ofrecía nada que ya no poseyera: el dominio de la única la ruta de las especies conocida hasta el momento. Tres veces presentó el explorador su proyecto y las tres lo rechazó el rey. Pero Magallanes, un soldado curtido en mil batallas, solicitó del soberbio monarca luso que le liberasen de su nacionalidad para poder trabajar para otra corona.

 

Magallanes marchó a España

Y así Magallanes llegó a Sevilla el 20 de octubre de 1517, pero la Casa de Contratación rechazó inmediatamente la idea del almirante. Tras fracasar en su primer intento, Fernando tuvo que esperar más de un año para ser recibido por Carlos I. El rey español vio una oportunidad de oro para acabar con el monopolio portugués en las islas de las especies. Carlos I quiere la gloria de esos descubrimientos para España y el 22 de marzo de 1518 firma capitulaciones y acepta prácticamente todas las peticiones de Magallanes. 

Manuel I urdió un complot con la intención de asesinar a Magallanes

 

Intenta acabar con Magallanes

Hay que evitar que Magallanes zarpe de Sanlúcar de Barrameda valiéndose de cualquier medio y Manuel I conoce a la persona indicada para acabar con Magallanes y sus sueños de gloria. Su embajador en España, Álvaro da Costa, se halla en esos momentos en la corte de Carlos, con la misión de pedir la mano de la infanta doña Leonor para el rey Manuel de Portugal y esto sería aprovechado por los lusos para lanzar una ofensiva diplomática sin precedentes.

En primer lugar, Álvarez La Costa pretende convencer a Magallanes de que su expedición es un insulto a Dios y que es una indignidad servir a un monarca extranjero en perjuicio de su propia patria, pero Fernando había sufrido en sus carnes el despreció del arrogante Manuel I y no iba a abandonar semejante oportunidad por alguien tan despreciable como su anterior monarca.

Tras fracasar al intentar convencer a Magallanes, el embajador Costa se reúne con Carlos I y le comunica enérgicamente que no es propio de un monarca coger a su servicio a un súbdito de otro; que no es el momento de crear un conflicto con Portugal por temas de tan escasa importancia. Que España tiene grandes marinos y que no necesita contratar a aquellos que están enojados con el monarca luso. Tal fue la presión del embajador sobre los ministros de Carlos I que éste prometió al monarca luso estudiar retirar el apoyo a Magallanes.

Los sabotajes portugueses iban fracasando uno tras otro, pero el monarca luso no se quedaría con los brazos cruzados. Al poco tiempo, los espías españoles descubren un complot orquestado por Manuel I con la intención de asesinar a Magallanes y Faleiro que llega a odios del obispo Fonseca (principal valedor de la expedición). El obispo no se toma a la ligera estas amenazas y pone una escolta a los dos navegantes. 

Después de 17 meses de obstáculos e intrigas, Magallanes había vencido contra viento y marea a todos sus enemigos y estaba preparado para llevar a los más altos grados de gloria a la Madre Patria: España. 

 

Primera vuelta al mundo 

El glorioso 20 de septiembre de 1519 zarpaba de Sanlúcar de Barrameda la expedición compuesta por cinco naves míticas; La Trinidad, La San Antonio, La Concepción, La Santiago, La victoria y la capitaneada por el gran almirante Fernando de Magallanes (portugués de nacimiento que renegó tras ser humillado de Portugal y de su pérfido rey para servir a España). Entre los tripulantes, 237 hombres, se encontraba el cronista oficial del viaje, Antonio Pigafetta, quien dejó sus vivencias escritas en la obra «Primer viaje alrededor del globo terráqueo», y, por supuesto, no podemos olvidarnos del gran héroe español, Juan Sebastián Elcano, quien a la postre sería el primer hombre en dar la vuelta al mundo junto a 17 valientes. 

Como Cristóbal Colón en su primer viaje, Magallanes recala en las Islas Canarias para aprovisionarse. Más tarde, continuaron frente a las islas de Cabo Verde y la costa de Sierra Leona para posteriormente llegar a Brasil. El 13 de diciembre de 1519 llegan a las playas de Río de Janeiro y prosiguen camino hasta el estuario Río de la Plata donde Magallanes y sus hombres pensaron que habían descubierto el ansiado paso, pero más tarde se dieron cuenta de que tan solo era la desembocadura del río. 

Siguieron hacia el sur y el 31 de marzo de 1520 llegaron a la bahía de San Julián, que exploraron en busca de un posible paso. Magallanes, en vista de la llegada del invierno austral, permaneció en San Julián durante cinco meses en espera de la llegada de la primavera. 

La aflicción de Magallanes es inmensa. Todos sus estudios y sus previsiones resultan ser erróneas. Parece que es el fin para nuestros héroes. Fernando está acabado sino encuentra un paso hacia el Mar del Sur. Ya ha llegado el invierno austral y debe navegar en zonas congeladas. Empieza el descontento de su tripulación, que piensa que Magallanes les ha llevado a un callejón sin salida. ¿Dónde está el paso que el almirante afirmaba conocer? Los capitanes se reúnen en secreto para preparar un golpe definitivo contra Magallanes y sus fantasiosos proyectos. ¿Podrá Magallanes responder al motín que preparan? 

 

El motín de Juan de Cartagena 

El complot ya ha empezado a andar. Gaspar de Quesada, que mantiene cautivo en La Concepción a Juan de Cartagena, lo libera y junto a treinta hombres toman por sorpresa La San Antonio, capitaneada por Álvaro Mezquita. Los amotinados parece que han dado un golpe de mano definitivo a la expedición de Magallanes. Por un lado, Gaspar de Quesada toma el mando del San Antonio y nombra como segundo a Juan Sebastián Elcano. Por otro, el rebelde Juan de Cartagena gobierna La Concepción, y, por último, Luis de Mendoza sigue dirigiendo La Victoria. De cinco buques, Fernando de Magallanes ha perdido tres en manos de los amotinados, en principio parece todo perdido, pero el astuto almirante prepara una sorpresa a los confiados sublevados que nunca olvidarán. Y así, en un golpe de mano, asalta La Trinidad y La Victoria. Cartagena y Quesada han perdido toda la ventaja y no les queda más salida que huir o pelear. Quesada, a la desesperada, intenta usar como rehén a Álvaro de Mezquita, pero Magallanes no negocia con sediciosos y lanza sus huestes contra los amotinados, que terminan rindiéndose en bloque. 

Magallanes no tendría compasión por los responsables de la rebelión y condena a Gaspar de Quesada a muerte. Mientras, Juan de Cartagena (veedor del rey) y el sacerdote Pedro Sánchez de Rein son condenados a quedar abandonados en las playas de San Julián. Lo que pase después, Dios lo decidirá.

 

Encuentra el Pacífico

Después de que Magallanes bautizará aquella tierra como La Patagonia, tras su contacto con los indios patagones y de haber perdido el 22 de mayo la Santiago, el almirante escoge el 24 de agosto de 1520 para partir en busca de un paso que les permita acceder al Pacífico.

Sin perder la costa de vista, Magallanes y sus hombres llegan el 21 de octubre al cabo de las Vírgenes. Sin saberlo, los héroes de aquella increíble epopeya habían llegado a la boca del que sería el estrecho de Magallanes: pero lo que no sabían estos hombres es que tendrían que enfrentarse todavía a un auténtico laberinto de canales hasta llegar al Pacífico. El almirante manda a La Concepción y al San Antonio a explorar el enorme brazo de mar. El San Antonio gobernado por Álvaro de Mezquita se adelanta, momento que aprovecha Esteban Gómez y Jerónimo Guerra para amotinarse contra Mezquita y regresar a la península. Mientras, La Concepción, capitaneada por Juan Serrano, atraviesa el laberinto de canales y espera en vano a la San Antonio, que ya estaba camino a España.

La deserción del San Antonio pone de nuevo en una situación muy comprometida a Magallanes, pero este no desespera, ya que sabe que el paso del Mar del Sur está muy cerca. Tras un exhaustivo reconocimiento de la costa se confirma que han encontrado el ansiado paso al que bautizaron como estrecho de Todos Los Santos (en homenajean al día que entraron en él). Magallanes lo ha conseguido, no importa los sabotajes, los motines, las dudas, los sinsabores. El almirante ha realizado una hazaña increíble, ha unido los dos océanos más grandes de la tierra y abre el camino a España para llegar a las ansiadas islas de las especies. 

Magallanes dio su propia vida para asegurar la retirada de sus hombres

La expedición recorre las costas del sur de Chile y posteriormente ponen rumbo a las Molucas, que suponían cercanas. Pero el viaje se hizo interminable y muy pronto se quedaron sin agua y alimentos. Los barcos no avanzan y el paso se hace insoportable. La falta de alimentación provoca la muerte de veinte marineros, mientras que el resto sobrevive a duras penas. La tripulación se arrastra moribunda por las cubiertas de los barcos. 

Tuvieron que pasar más de tres meses para que Magallanes y sus hombres llegarán al archipiélago de Guam y pudieran aprovisionarse. Tras descansar 10 días en aquel refugio al que bautizó con el nombre de Isla de los Ladrones. La carne y el agua reaniman a los enfermos y pueden zarpar el 9 de marzo rumbo al oeste.

 

Magallanes llega a Filipinas

El 16 de marzo de 1521 Fernando de Magallanes y sus hombres llegaron a un nuevo archipiélago que llamaron San Lázaro. Magallanes puso el ancla en la isla de Cebú y tomó posesión de las islas en nombre de la gloriosa e invencible España. 

Magallanes se alía con el rey Cebú, que estaba enfrentado con el cacique vecino de la isla de Mactán (Lapu Lapu). El cacique de Cebú buscó deshacerse de su vecino de Mactán de una vez por todas y aprovechó la arrogancia de Magallanes para azuzarlo contra LapuLapu. En un principio, el reyezuelo de Cebú mostró que era un aliado fiable y ofreció 1.000 hombres a Magallanes, pero éste, poseído por la soberbia, le dijo que él mismo acabaría con LapuLapu. Va en ello el prestigio de España, decía el almirante. 

Tras cometer el error de no dejarse ayudar por los nativos de Cebú, Magallanes vuelve a cometer otro gran error estratégico y es el de desembarcar sus lanchas muy lejos de la costa, lo que provoca que se quede sin la cobertura del fuego de la artillería. Si a todo esto le sumamos que solo desembarcó menos de la mitad de la tripulación (cuarenta y nueve hombres), y que 1.500 hombres de LapuLapu le estaban esperando armados hasta los dientes en la orilla, no podemos esperar un desenlace positivo para Magallanes. 

Magallanes, uno de los mayores héroes que ha dado la historia, viviría sus últimos momentos con la fuerza y gallardía que siempre le había acompañado toda su vida. No solo no abandonó a sus hombres, sino que les cubrió la retirada ofreciendo su propia vida para salvar la de ellos. 

 

Elcano lleva a España a la gloria

Tras morir Magallanes a manos de miles de guerreros indígenas y no a manos directas del cacique de Mactán (LapuLapu) como afirma falsamente la historiografía filipina, los españoles empiezan a sufrir toda clases de percances. Sin la guía de Magallanes, y con los indígenas en su contra, los nuestros van cayendo de celada en celada. La situación de la expedición es desesperada y parece que es su fin. 

Pero cuando los nuestros parecían desfallecer entre tanta tragedia, surge la figura de un español indómito, capaz de hacer de la necesidad una virtud, e inspirado por la voluntad divina, toma el gobierno de la nao Victoria para llevar a esos hombres andrajosos y moribundos a la gloria o a la muerte. Hablamos del marino de Guetaria, Juan Sebastián Elcano. El español decide navegar hacia al oeste, bordando África, aun sabiendo que los barcos portugueses les perseguían y quieren darle captura fuera como fuera para acabar con la mayor gesta que ha conocido el hombre hasta entonces: dar la vuelta al mundo.

Elcano alcanza la gloria eterna al entrar en 1522 en Sanlúcar de Barrameda

En 1522, la flota portuguesa atrapa en las islas Molucas los restos de la Trinidad, y con ello todos los libros de derrota y legajos que llevaban los marinos españoles. En noviembre de 1521, un navegante portugués llamado Tristán de Meneses aviso a Elcano de que toda la armada portuguesa está movilizada para capturarlos desde su salida en Sevilla. 

Según Pigafetta, el rey portugués había dado órdenes al almirante de su armada en las Indias, Diego López de Sichera, de interceptar con su flota a los heroicos españoles y que solo la diosa fortuna lo evitó. 

Nuestro héroe, tripuló a la nao Victoria cerca del paralelo 42 y de esta forma evitar a la armada portuguesa. Tras cruzar el Índico, llega a África y baja hasta el cabo de Buena Esperanza, donde tiene que aguardar varios días para evitar ser capturado por los lusos. Después de superar la punta de África, Elcano y sus hombres continúan su epopeya subiendo continente negro por el Atlántico con muchas precauciones. Cualquier error puede ser el fin de la expedición. Pero el escorbuto está haciendo estragos y se ha cobrado otras cinco vidas. Además, él hambre y la sed amenazan al resto y se ven obligados a recalar en las islas de Cabo Verde, territorio portugués. Elcano tiene un plan para engañar a los portugueses. Les cuenta que vienen del Nuevo Mundo y que tienen una avería en el trinquete y que necesitan ayuda. Los portugueses se tragan la argucia al pensar que la expedición de Elcano no hubiera llegado tan lejos.  Al tercer día de permanecer en Cabo Verde, Elcano y los suyos tienen que huir precipitadamente de Cabo Verde perdiendo trece hombres que retuvieron los portugueses, quienes habían descubierto la verdad al percatarse de que los españoles habían realizado un pago por error con clavo (una de las especies de islas Molucas).

Así, el 6 de septiembre de 1522 alcanzan la gloria eterna al entrar al puerto de Sanlúcar de Barrameda. Antonio Pigafetta relata los hechos: “Gracias a la Providencia, el sábado 6 de septiembre de 1522 entramos en la bahía de Sanlúcar... Desde que habíamos partido de la bahía de Sanlúcar hasta que regresamos a ella recorrimos, según nuestra cuenta, más de catorce mil cuatrocientas sesenta leguas, y dimos la vuelta al mundo entero. El lunes 8 de septiembre largamos el ancla cerca del muelle de Sevilla, y descargamos toda nuestra artillería”. Juan Sebastián Elcano, en una singladura sin precedentes en la historia, se consagrará como uno de los mejores marinos de todos los tiempos. Y fue España y solo España y sus hijos, quienes habían conseguido dar la primera vuelta al Mundo.
 









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