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21/01/2009 - Marina Osuna Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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La Plaza de Puerta Cerrada fue la ubicación original de la iglesia de San Pedro ‘El Viejo’.
San Pedro 'El Viejo'

Ya en 1202 se tiene noción de la existencia de la parroquia de San Pedro. Originalmente estuvo ubicada en la Plaza de Puerta Cerrada y se sabe que, en el siglo XIV fue trasladada a su actual emplazamiento. Se la conocía como San Pedro el Real, pero en 1891 deja de ser parroquia en favor de la iglesia de la Paloma, que pasó a llamarse con el mismo nombre. Por ello, para diferenciarlas, el pueblo denominaba a la antigua como San Pedro ‘El Viejo’. Firme, gallarda e inalterable permanece, pese al paso de los años, su torre, uno de los pocos ejemplos de estilo mudéjar que aún perviven en la capital. Se trata, según apuntan algunas versiones, del antiguo alminar de una mezquita, reconvertido en campanario tras la Reconquista y durante siglos, ha dado pie a algunas de las leyendas más conocidas del viejo Madrid. Cuenta la tradición popular que para ponerle voz, se construyó una campana de grandes dimensiones. Su peso y su volumen eran tales que, pese a los esfuerzos, fue imposible subirla. A la espera de una solución, la campana pasó la noche a la intemperie y a la mañana siguiente, los campesinos que un día antes trabajaron para ubicarla, se despertaban con su sonido: se había colocado misteriosamente en el campanario. Desde entonces, la superstición envolvió siempre a la famosa campana y los labradores le atribuían poderes para atraer lluvia, alejar tempestades o avisarles de los peligros. “Con mi voz llamo a los cristianos, espanto a los demonios y desparramo a los nublados”, figuraba en una tabla de la sacristía de la iglesia. El mito murió en 1565 cuando la campana amaneció partida sobre el suelo. Nunca más se escucharía eso de, “¡huyamos que tocan las campanas de San Pedro!”. 

Hoy en día, la vieja iglesia es una de las más queridas de Madrid. En su interior se venera la popular imagen de Jesús ‘El Pobre’ que procesiona cada Jueves Santo por la ciudad en loor de multitudes.

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