Rosario, ‘La Tremendita’: “Los prejuicios solo limitan al Flamenco y al arte”

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Con motivo de la presentación del Festival Flamenco de Club que el Café Berlín celebra en noviembre, el propio presentador del encuentro, José Luis Ortiz, se deshizo en elogios hacia tu persona, destacando tu participación en este festival. ¿Qué es lo que te ha animado a participar en este evento?

Es un espacio cultural que se está haciendo de manera fenomenal, gestionado por músicos que quieren esto tanto como yo. De alguna manera te sientes comprendida. Sabes que te van a tratar con cariño y la programación me parece una pasada. Creo que lo están gestionando muy bien.

Para mí es muy gratificante este tipo de acciones; me hace mucha ilusión. Conozco a los compañeros -Bandolero y Pato- y es una satisfacción muy grande. Con respecto a José Luis, me lo encontré hace muchos años, cuando era jovencita. Me siguió los pasos muy de cerca y siempre que ha tenido una oportunidad me ha ayudado.

 

Has vivido en primera persona un cambio generacional en el público que asiste a disfrutar del Flamenco. En tus comienzos hablabas de que la media de edad del asistente era de 70 años; con la presentación de tu disco ‘Delirium Tremens’, la media bajó, situándose en una horquilla entre los 20 y 40 año. Uno de los objetivos del Festival Flamenco de Club de Café Berlín es atraer nuevo público. Parece un festival hecho a tu medida…

Para mí es fundamental que el flamenco siga estando en las nuevas generaciones, que siga creciendo y evolucionando a medida que evoluciona la sociedad. En eso estamos. Dentro del festival hay una programación que prevé conseguir ese objetivo con creces.

 

En el Flamenco se habla mucho de mantener las raíces, pero también de innovar para no quedarse estancado ¿Cuál es el equilibrio para no dañar a los puritanos sin caer en el elitismo?

Tratar de actualizar el Flamenco y de acercar a la sociedad sin conocer la raíz es una misión imposible. Es fundamental que la raíz esté dentro de los conocimientos del artista y es fundamental que el Flamenco esté integrado en el artista que lo ejecute. Para poder innovar y evolucionar, y acercar a las nuevas generaciones, es importante esa integración. No se puede hacer una mirada hacia delante si una mirada hacia atrás.

Por un lado el Flamenco es música y la música está cerca de las emociones. Se habla desde el dolor, la alegría y de lo que el ser humano siente. Es muy importante que el Flamenco se siga manteniendo ahí, pero creo que no podemos empezar algo sin conocer la Taranta de Marchena, la Malagueña, la Mojama, a Enrique o a Camarón… Es como el que hace medicina y se salta el colegio, la ESO y Bachillerato y la Universidad y coge un bisturí: imagina la que formaría.

 

Tú tienes una trayectoria familiar que te ha permitido tener contacto con ello ¿Cómo surgió esa chispa de romper y experimentar con el Flamenco?

Desde que nací mis raíces son flamencas, criándome con las peñas y concursos. Afortunadamente mi padre me ha dado la libertad para hacer música y de inculcarme ese compromiso a la tradición, las raíces y los conocimientos fundamentales.

No hay un día ni momento concreto. Es una progresión. Desde muy pequeña cantaba y estudiaba cante mientras en mi casa tenía todos los instrumentos. Todo el día estábamos dando porrazos, por lo que ese apartado como músico me hace tener otras inquietudes. A esto se suma que soy una persona inquieta y he tenido la suerte de estar con gente muy buena como Rocío Molina, Andrés Marín u otros artistas que me abrieron la mente en cuanto a formas de ver el arte y la música.

Me ayudaron a enriquecer lo es mi tradición y el Flamenco. Entre que me siento música, con una guitarra en las manos, y encuentro gente que me crean otro tipo de inquietudes, y yo que no me quedo quieta en una silla… Entendiendo que los prejuicios solo limitan al Flamenco y al arte, se quedan los miedos. Decidí pasar pero bien de esos miedos.

No sería cantaora si no tocara porque mi canto va ligado a mi música. Me considero una artista que se expresa desde muchas maneras, ya sea con la voz o con los instrumentos, que son medios que uso.

 

En discos como ‘Delirium Tremens’ vemos incorporaciones de instrumentos como el saxo. El blues y el jazz casan mucho con el Flamenco; sin embargo, da la sensación de que existen  muchos prejuicios con el hecho de mezclar géneros

Tengo la sensación de que el Flamenco casa con lo que tú quieras porque tiene un lenguaje universal. He colaborado con músicos de jazz y casan perfectamente, como con la electrónica y otros. El Flamenco lenguaje es tan versátil y amplio que puede convivir con cualquier tipo de música.

A mí me parece que las personas que siguen llevando la tradición evolucionan. Todas las corrientes son válidas para mí. Nunca me posiciono en el grupo que pertenece al ‘no’; no me gusta nada. Mientras que se esté en la búsqueda y se estén haciendo cosas, se está evolucionando, que es lo importante.

 

Después de este festival, en qué proyectos te vamos a ver

Ahora estoy con un nuevo proyecto, nuevo disco; ‘Delirium Tremens’ era más jazzístico, pero después me coloqué el bajo en las manos y estoy integrándolo, también con música electrónica.  En el Café Berlín llevaré el ‘Delirium Tremens’ con nuevas texturas y sonoridades.

Por otro lado, también estamos colaborando en la música en la serie de Malaka. Además tengo un proyecto con una artista francés del que no puedo contar mucho. Estamos en muchas cosas a la vez y con muchas ganas de seguir contando. Yo siempre estoy haciendo cosas, con muchas ganas de curiosear y aprender, conectando con personas que aportan y enseñan.

En España tenemos un problema cultural, no sólo por el Flamenco. La gente consume entretenimiento, pero no cultura, y les cuesta acercarse a la música, al teatro… Los mismos artistas lo estamos sufriendo. Estamos en la época del entretenimiento, la velocidad, las redes.

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